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Las Hojas de los Fresnos verano 2012
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lunes, 12 de abril de 2010
Reflexiones
A veces me pregunto, como responsable de captación de recursos, porque las entidades que se dedican a la atención de niños con discapacidad intelectua, sea la que sea, tienen mas ayudas que las que se dedican a atender a adultos con las mismas discapacidad. ¿Será porque se piensa que aquellos pueden mejorar y estos no? ¿será porque el sentimiento nos mueve mas por la infancia que por los adultos? La discapacidad intelectual no es algo estable e invariable, se evoluciona, se mejora o se empeora como lo hacemos todos a lo largo de la vida y con los apoyos necesarios estas personas adultas pueden llegar a vivir una vida mucho más plena que si se les arricona como algo inservible.
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En Navacerrada
Tomando el sol en Navacerrada
Hechos sin importancia
ResponderEliminarNieves y yo nos llevamos poco tiempo. Ella nació un 23 de abril, al año siguiente, el 29 de septiembre nací yo. Guardo pocos recuerdos de los primeros años de nuestras vidas.
Recuerdo a Nieves alegre, ágil, rápida de movimientos, era guapa, tenía unos ojazos grandes y expresivos. Andaba derecha, corría mal, pero corría casi tanto como yo, no llegábamos a jugar juntas a las mamás, ni a las tiendas, ni a las cartas, ni a bailar, como hacían otras hermanas, pero siempre estábamos juntas. A ella le gustaban los columpios, escuchar música, hablar, hablar y repetir….”si Nieves, si…” A nieves nunca se le mandaba callar. Por aquel entonces ella hablaba más que yo, eso si lo recuerdo.
Ahora, con el paso del tiempo recuerdo algunos detalles que tuvieron que ser muy dolorosos para mis padres, nosotras, los hermanos no nos dábamos cuenta. Nieves siempre quería salir a la calle. Cuando alguno de nosotros se ponía el abrigo, ella también quería ponérselo… todo eran engañifas: “me voy a mi cuarto a dormir, me voy al colegio… “, teníamos que decir en alto para engañarla. Nieves se quedaba sentada junto a mi madre, en casa. Salía poco. Le daban crisis con frecuencia, no podían sucederle en la calle…
Una mañana de domingo y de buen tiempo, imagino el sol de abril bajo el cielo azul de Madrid, salimos a la calle: mi madre con una sillita y la labor para apostar en la acera, junto a la pared del edificio (en la calle Orense, ¡quién lo iba a decir!), Mi madre nos vigilaba, Nieves y yo jugábamos en la calle.
Como siempre, jugábamos a correr. Encantadas nos perseguíamos entre los pocos coches aparcados. Todo era sol y risas. Pero ella quería correr, y corría, tanto que se escapó entre dos coches sin percatarse que otro coche circulaba en ese momento por la calzada. Entonces aparecí yo, con mi inteligencia superior y mi sabiduría de niña, para que no le pillara el coche le agarré de los pelos ¡¡horror!! Nieves arrancó a llorar y a llorar, corriendo se lo dijo a mi madre, le expliqué a mi madre, pero ella consolaba a Nieves. A continuación comenzó a reñirme y reñirme…. No entendía nada…
Ahora lo entiendo todo, lo recuerdo con muchísimo cariño. Hoy Nieves tiene 50 añazos, como dice ella, no corre, sigue hablando y repitiendo, nos sigue necesitando tanto como entonces cuando le tiré de los pelos...
Desgraciadamente vemos como padres, que frecuentemente a los otros hijos les cuesta entender que necesariamente no podemos tratar a todos igual. Si lo hicieramos seríamos injustos. Si por ser padre entendemos que es dar a cada uno lo que le convenga y necesite, esa ha de ser la posicion de unos padres con un deficiente intelectual.
ResponderEliminarMe gustaria saber si estas personas con discapacidad intelectual no estarían mejor en pisos como estamos todos en lugar de encerradas en una residencia aisladas de la sociedad. Así dificilmente nos vamos a acostumbrar a tratar con ellas de forma natural.
ResponderEliminarAl último anónimo. Depende de sus capacidades estarían mejor en los pisos. Pero si hemos vivido cómo la sociedad rechaza a los niños, aunque sean pequeños, que se ve que son diferentes,calcula como ve la sociedad a mayores que no actuan como ellos.
ResponderEliminar¿Y no te parece, Rafa, que alguna vez tendrá que empezar a cambiar eso? Está claro que muchos no pueden vivir solos, pero si con los apoyos necesarios. Todos los padres sabemos que la responsabilidad y la libertad no se puede dar de golpe a un niño, sino dependiendo de su edad y sus respuestas. Muchas de ests personas con discapacidad intelectual resultan tener mas sentido común que muchos de nosotros.
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